WebMail Corporativo

“Tony Canarito”: El Parra Anónimo.

03 May 2019 por #Reportaje

“Soy Óscar Parra el menor, hermano de la Violeta, de Roberto el gran chucheta, de Lautaro, Lalo, Hilda, Elba y Nicanor, y por eso con amor voy tocando la guitarra, y en nombre de nuestra patria los saluda Óscar Parra”.

Todos somos testigos de la extensa historia y tradición que acompaña a la familia Parra, quienes por generaciones, y a través de su música y literatura, han logrado nutrir la escena artística y la historia cultural chilena desde los años 30. Óscar “Canarito”, el menor de los hermanos Parra, nació en 1930 en Chillán. A pesar de trasladarse después a Santiago, nunca perdió el lazo y cariño hacia su tierra de origen. “Vamos llegando  a mi ciudad natal: Chillán. La ciudad más linda de Chile”, expresaba el “Tony Canarito” durante uno de sus viajes.

Su vida artística se gestó bajo los apodos de “Tony Canarito” y “Tata Picarón”, siempre ligado al mundo circense. Llegó a la capital en 1935, siendo un niño, junto a su madre, Clarisa Sandoval Navarrete, y hermanos: “según mi mamá, mi papá era profesor de música, en Chillán. Era como tonto para el tinto, por eso nosotros salimos igual, buenos para el «tintolio». Él se llamaba Nicanor Parra Parra, y mi mamá era costurera. Con esa profesión nos crió a todos desde que murió mi papá a sus 33 o 34 años, yo no lo conocí”.

En la música era Óscar Parra, o como se autodenominó “el concho de los Parra”, al ser el menor de una familia compuesta en su mayoría por artistas: Nicanor, Hilda, Violeta, Eduardo, Roberto, Lautaro, además de  Caupolicán y Elba. En varias ocasiones, “Canarito” se refirió al papel fundamental que cumplieron sus hermanos en su formación artística: “a mis hermanos les escuchaba las canciones, y la guitarra la aprendí mirándolos a ellos nomás; al Roberto principalmente, al Lautaro, al Eduardo, a la Violeta también le escuché varias canciones”.

A mis hermanos les escuchaba las canciones, y la guitarra la aprendí mirándolos a ellos nomás

Su padre murió en 1929, cuando todos tenían aún menos de 15 años. Así, la vida los convirtió en prematuros sostenedores, obligándolos desde pequeños a recorrer las calles con su música y guitarra. Patricia Parra, hija de “Canarito”, fue testigo de los relatos de infancia de su padre: “por lo que él cuenta, a veces no tenían para comer. Creo que la niñez y adolescencia de mi papi fueron crudas. Pero mi abuelita igual se las arreglaba. Él cuenta que comía pan con ají, harina tostada, ulpo, de eso se alimentaron. Y a veces mi abuelita los mandaba a cantar, cuando eran más grandecitos”.

Al iniciar la adultez, en los años 50, eligió el oficio itinerante del artista circense, personificando a Tony Canarito, figura que alcanzó reconocimiento gracias a su original trabajo, combinando música y humor: “mi vida circense empezó en un pueblito al interior de Melipilla, ahí me inicié como el Tony Canarito. Una vez faltaba el  payaso principal en el circo de mi cuñado y él me dijo: «se tiene que pintar usted ahora, porque el tony que tenemos está cocido como tagua en el camarín». Me veía más tony todavía, más cómico”.

Corría el año 1956 cuando el menor de los Parra se casó con Iris Gajardo, con quien tuvo cuatro hijos: Cecilia, Óscar, Nicanor y Patricia. Óscar, uno de los mayores, cuenta una de las dificultades que tuvieron sus padres: “en los 57 años que han durado mi papi con mi mami, se han aguantado los dos. Ha sido dura  la cosa en nuestra crianza, porque en esos tiempos mi papi nos crió solamente con el tony; a la Paty, a Nicanor y a mí. Era difícil en esos tiempos tener un trabajo estable”.

Durante esta época, Canarito se instaló en la comuna de Puente Alto, desarrollando su vida familiar en la Villa Vicente Huidobro. La comuna le entregó significativas etapas. En una entrevista efectuada en Chillán, la periodista Edith Villagrán le preguntó dónde celebró su último cumpleaños, a lo que Óscar respondió con su gracia característica: “en la comuna de Puente Alto, en el Parque Gabriela, que nos cedió el Departamento de Arte y Cultura. Estuve de cumpleaños y lo pasé requete bien. Llegaron hartos regalos, harto vinito, harta comida”.

En cuanto a su vida profesional, Canarito seguía aventurandose en el mundo circense. Período en que decide cambiar su apodo, tal como se lo aclara al reconocido periodista Miguel Davagnino: “no es el Tony Canarito ahora, ya cambié, ahora soy el Tata Picarón”.

Para inmortalizar su legado; la vida y testimonios del cantor circense fueron recopilados en dos obras: el libro “Canarito, el Parra que faltaba” (Padilla, 2009) y el documental “El Parra menos Parra” (Catoni, 2014). Títulos que hacen referencia a su característica humildad y anonimato, siendo parte de una familia de renombre artístico. Esta idea la reafirma su hija Patricia: “él nunca hizo público eso de «yo soy hermano de Violeta, soy hermano de Nicanor». Por eso a mi papi pocos lo conocen. Anduvo fuera de Chile, pero siempre piolita, de bajo perfil. Mi viejo siempre estuvo en el anonimato, nunca ocupando su apellido. Y eso para él era bueno y malo, porque a lo mejor quería decir: «yo vengo de la familia Parra», pero nunca lo hizo”.

En sus últimos años, la nostalgia se apoderó de Óscar “Canarito”, quien lamentaba el actual desinterés del público por el arte del circo: “el circo era muy querido por todos. Cuando llegábamos a un pueblo, hacíamos los convites: los tonys pintados, los artistas con sus trajes, nos iba muy bien. Después se echó  a perder con la televisión, con los números teatrales; el circo jodió”. “Lo que más echo de menos son las giras del circo, por la quinta y séptima región. En la quinta región recorríamos todas las playas. Lo pasábamos del uno. Ojalá se repitiera y volviera a ser joven”.

Lo que más echo de menos son las giras del circo… lo pasábamos del uno. Ojalá se repitiera y volviera a ser joven

El 31 de agosto de 2016, el arte y el circo lamentaron la muerte de Óscar “Canarito” Parra, quien a la fecha tenía 86 años. Su funeral fue realizado en Puente Alto, comuna que lo acogió durante sus última décadas.  Aunque nunca recibió el reconocimiento que merecía, “el concho de los Parra” dejó un gran legado por medio de sus monólogos, coplas picantes y cuecas dirigidas al circo. Antes de su muerte, Patricia Parra mencionaba su percepción sobre los sentimientos de su padre: “mi papi no quiere reconocimiento. Yo creo que él quiere que lo aplaudan, tan simple como eso. No creo que quiera salir en televisión, en los diarios. No creo que él quiera estar en su último minuto y que digan: «lo hizo muy bien don Oscar». No, yo creo que él quiere un aplauso, tan simple como eso”.